Algunas verdades acerca de mi ailurofilia

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Y de repente me pegó.

Escuchando la extraña melodía parsimoniosa que emite el aire acondicionado y que se acompaña de un olor extraño; pasado. Hoy descubrí que tal vez, evado la realidad y mi apego a las personas a través de mi creciente fascinación por los gatos. Después de decirle adiós a una compañera de trabajo, tan distinta a mí y al mismo tiempo tan parecida, entendí que existe una parte de mí que se niega a expresar sus sentimientos; ya que mis palabras de admiración y buenos deseos hacia ella se opacaban porque no podía mirarla a los ojos por el miedo de que pudiera ver en mí, alguien con demasiada carga emocional o mero sentimentalismo. Hace un par de años, y para aumentar el dramatismo, toqué fondo – y sin necesidad de querer hacer de este soliloquio un drama adolescente -, me encontré en un punto en donde los medicamentos (o drogas duras *llámese ansiolíticos, antidepresivos y antipsicóticos), eran parte de mi día a día. Parecía que todo a mi alrededor era una mala película para televisión, en la que la traición, la indiferencia y la deshonestidad, era una práctica general en mis amigos y familia, sin final feliz.

Entendí que la gran parte de mi problema era la “innecesaria” importancia que le daba a los demás, a mis sentimientos hacia los demás y a sus opiniones. Y es que, años después, todavía vivo en espera de la forma en que me habla un amigo, el -“hola” en la oficina o el saludo de mi jefe para, a partir de esas acciones, definir mi estado de ánimo.

Ok… pero ¿y cómo llegaron los gatos a esta historia? Muy fácil, sin esperarlo (como todo). Dos años después de convivir todos los días con estos animales tan especiales, puedo ver que me mimetizo, para ser como ellos. Sin expectativas, sin esperar nada a cambio, sin promesas ni juramentos eternos.

Y es que ellos y sólo ellos tienen la capacidad de ser 100% verdaderos, sin máscaras, sin ingenuidad y buena onda falsa. Saben cuándo estar cerca y cuándo dar espacio. Saben el valor de un silencio y cuándo aplicar el poder curatorio de su ronroneo. Son inteligentes y al mismo tiempo saben cuándo bajar la guardia.

Tal vez, estoy en un proceso “entrópico” y de transformación. Tal vez, éste es sólo un texto sin fundamento y escrito para “rellenar” algo que muy dentro de mí, no se puede rellenar… o nomás porque soy medio *attention whore*

Ojalá, muy pronto, aprenda aún más de mis gatos y su irrefutable convicción para ser, hacer y sentir el cariño, como sólo ellos saben hacerlo. Porque ser merecedor del cariño de un gato, no es para cualquiera, mucho menos para aquel que no está preparado para corresponderlo.

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